Septiembre 2009 “En cualquier ciudad por donde camines … pasas muy cerca de la gente y ésta tropieza contigo … en Los Ángeles nadie te toca”. Esta es una de las frases que definen el planteamiento básico de “Crash”, la película de Paul Haggis, el director y guionista canadiense. Paul Edward Haggis nació en Ontario, Canadá, en 1953 trasladándose a Los Ángeles en 1975 donde comenzaría su actividad como guionista de series de TV (algunas para olvidar, otras inolvidables como “Treintaytantos” o “La Ley de Los Ángeles”). En 2004 tiene su gran momento de gloria al ser nominado al oscar como guionista por “Million Dollar Baby” (de Clint Estwood). En 2005 escribe, produce y dirige “Crash” que conseguiría 3 estatuillas en la ceremonia de los oscar de 2006: mejor montaje, mejor guión y mejor película (arrebatándole el premio a la previsible triunfadora “Brokeback Mountain” de Ang Lee). “Crash” es, en esencia, un mosaico de personajes que interactúan entre sí (en ocasiones muy a su pesar). Esta forma de estructurar la narración tiene un gran referente: el director Robert Altman, quien era un apasionado de incorporar multitud de personajes en sus películas (“mi mejor ayuda son mis actores”, solía decir). Un claro ejemplo es “Vidas Cruzadas”, 1993. Haggis reconoció expresamente en la recogida del premio la inspiración de Altman en su película. Casualmente en esa misma ceremonia Robert Altman recibió un oscar honorífico por su trayectoria; falleció unos meses después a los 81 años. Varios son, por tanto, los personajes sobre los que gira la historia: Christine interpretada por la actriz Thandie Newton, la mujer del director de televisión, una mujer “orgullosa y altiva”; Grahan (Don Cheadle) detective de la policía, con una madre a su cargo y un hermano desaparecido; Jean (Sandra Bullock), la mujer del fiscal del distrito, quien parece estar en un permanente estado de ira sin saber el porqué; Thomas (Ryan Phillippe) el agente novato e idealista que piensa en cambiar el mundo; Ryan (Matt Dillon) un oficial de policía veterano, con capacidad y que no parece tener muchos escrúpulos, el dueño de la tienda, los ladrones del coche … Todos estos personajes son descritos “con luces y sombras”; prácticamente ninguno de ellos es plano, en el sentido de tener un comportamiento lineal, predecible. Las situaciones se suceden continuamente y lo que en ellas acontece no deja de sorprenderte. La primera vez que vemos aparecer al personaje de Matt Dillon (Ryan) está hablando desde una cabina de teléfono con una responsable de la compañía de seguros de su padre. Ryan no es capaz de que le autoricen la ayuda médica que está solicitando para su padre enfermo. A continuación vemos que se monta en el coche patrulla en el que le está esperando su joven y novato compañero Thomas. La escena que sigue a continuación nos describe perfectamente al personaje de Ryan: para un coche teóricamente sospechoso de haber sido robado, aunque Thomas le dice que ese no es el coche robado y que lo deje marchar (cosa que Ryan no hace). Al final, tras la humillación de la mujer, Ryan les deja partir sintiendo, como espectador, una mezcla de repulsión y desprecio hacia este personaje. Tal vez si nosotros repasamos las interacciones que tenemos con otras personas nos encontráramos con una situación similar: alguien que, de alguna manera, nos produce una cierta “repulsión” (aunque no en el mismo sentido de la película). Una persona que rechazamos por su forma de ser, por sus actuaciones, por sus comportamientos, por sus ideas, … Por mucho que analicemos, no encontramos un resquicio que le “salve de la quema”. Es tan grande el rechazo que nos produce que nos gustaría “borrarle del mapa” (en sentido figurado). En algunas ocasiones, de hecho, utilizamos el cine para nuestra vida diaria y, tal vez, describamos a esa persona de nuestro entorno con el alias de “el típico oficial Ryan”. Esta nomenclatura será muy descriptiva para alguien que haya visto la película, entre otras cosas, porque recordará algunas escenas muy impactantes que le harán “sentir” de nuevo cómo es este tipo de personaje. Pero volvamos a la película con otros personajes, en concreto con el padre y su hija. En un momento dado, tras reparar una cerradura en un supermercado, el padre vuelve a casa y se encuentra a su hija de 5 años debajo de la cama. “He oído un disparo”, le dice ella y el padre intenta tranquilizarla, cosa que al principio no consigue. Entonces le cuenta que cuando él era pequeño le visitó un hada que le facilitó un manto protector invisible. Tras la incredulidad inicial la hija comienza a preguntar por detalles del mismo y, al final, el padre se lo coloca y la niña se queda muy tranquila al sentirse protegida. En otro momento posterior, el dueño del supermercado acude a la casa del cerrajero con una pistola dispuesto a vengarse por un robo que ha tenido y que achaca al padre. Le apunta con la pistola…la hija ve la escena desde dentro de la casa y le dice a su madre (que está en la cocina) “él no lo tiene” refiriéndose al manto invisible. Corre a ayudar a su padre, se interpone entre éste y el dueño del supermercado…suena un disparo…y un grito de desesperación del padre … Tras unos segundos de tensión se oye decir a la niña … “tranquilo papá, yo te protejo” y éste, sorprendido, comprueba que a su hija no le ha pasado nada en absoluto (desconcertando al dueño del supermercado y al propio espectador).
Tal vez, como hemos planteado previamente, en nuestro entorno de interacciones también tengamos alguien en quien confiemos plenamente, alguien que sabemos que hará cualquier cosa por nosotros, que estará siempre disponible, que nos apoyará y cuidará … tal como hace el padre con su hija (y que, en el fragmento comentado, es recíproca la confianza entre padre e hija). Estaríamos describiendo, pues, un segundo prototipo de interacción, alguien a quien podríamos calificar su comportamiento como “de confianza”. Regresemos a nuestra “butaca”, recuperando a nuestro personaje Ryan. En un momento determinado, Ryan y su nuevo compañero (otro policía, al haber pedido el traslado a un destino diferente su antiguo compañero Thomas) están de ronda y ven un gran atasco…que ha sido producido por un accidente. Algunos vehículos se han visto implicados…uno de ellos está volcado sobre el asfalto derramando gasolina. Ryan se acerca a este coche y le pide a su compañero que vaya a apagar un pequeño incendio que sufre otro vehículo próximo. Analizando el interior del coche comprueba que hay una mujer atrapada, que respira con dificultad y que no puede soltarse el cinturón de seguridad. Ryan se introduce en el coche con la intención de liberarla soltando el cinturón. Justo en ese momento vemos la cara de la mujer ¡Es Christine! Horrorizada grita que no la toque, que la deje en paz. Ryan la reconoce y le dice que no piensa tocarla, que sólo intenta romper el cinturón de seguridad para que pueda salir. Ella grita de nuevo que se vaya y que venga otra persona a ayudarla. Entonces Ryan le dice que no hay nadie más y que hay un gran peligro porque la gasolina derramada puede arder y hacer estallar el coche. El compañero de Ryan ve que, efectivamente, el vehículo empieza a arder y corre a ayudar a Ryan para sacarle del mismo. Éste se niega para intentar sacar a la mujer … cosa que al final consigue antes de que, efectivamente, el vehículo explote. Ryan acompaña a la mujer hacia la ambulancia mientras le mira extrañada como intentando comprender los motivos que han llevado a Ryan a comportarse esa manera tan distinta con respecto a su primer encuentro. De nuevo, esta situación nos permite ilustrar un comportamiento que aún no habíamos analizado: el de, podríamos decir, “curiosidad”, el de tener ganas de conocer más a fondo a alguien (por el motivo que sea), alguien que nos parece que merece la pena y con quien no tenemos una relación muy estrecha. Este prototipo también puede aparecer en nuestro entorno de relaciones. Una persona con la que, por el motivo que sea, no tenemos mucha relación pero que nos parece interesante, a quien nos gustaría conocer más, con quien compartir más. Hasta ahora, estos fragmentos de la película nos han permitido identificar 3 “prototipos”: El de “repulsión y desprecio”. Para completar nuestro análisis nos faltaría incorporar una última tipología. Volvamos a la película. Tras la escena de la detención y cacheo de Christine y su marido y una vez en su casa ambos mantienen una fuerte discusión. Ella le reprocha su pasividad durante lo sucedido y le comenta que se siente humillada, entre otras cosas, por su comportamiento. Él parece un tanto desconcertado y, al final, da muestras de rabia lo cual consuela de alguna manera a su mujer … “por fin un poco de rabia, tarde pero por lo menos tienes sentimiento”. Hay otro momento posterior, más “calmado”, en que Christine visita a su marido en el set de rodaje para intentar aclarar las cosas, comprender su comportamiento (cosa que sucede en parte, si bien el marido quiere estar distanciado de su mujer tal vez para “aclararse” el mismo). Lo que buscaba Christine en estas situaciones podríamos decir que es aclarar “un tema pendiente”. Con su marido mantiene una relación estrecha (no como con otros personajes de la película), si bien en un momento determinado siente que algo no funciona, hay un aspecto (importante) que tiene que ser aclarado; es una especie de “espinita clavada” que necesita ser extraída.
Esta forma de comportarse podríamos denominarla de “aclarar un tema pendiente”. Ya tenemos, por tanto, 4 modelos o prototipos de comportamiento que coloquialmente hemos denominado: El de “repulsión y desprecio”. Vamos ahora a renombrarlos y, complementariamente, adjudicarles un color para facilitar posteriormente su identificación.
Al de “respulsión y desprecio” lo denominaremos de EVITACIÓN / ELIMINACIÓN y le asignaremos el color rojo.
Al de “confianza” lo denominaremos de SERVICIO / COLABORACIÓN / APOYO y le asignaremos el color azul.
Al de “curiosidad” lo denominaremos de EXPLORACIÓN / ACERCAMIENTO y le asignaremos el color verde.
Al de “aclarar temas pendientes” lo denominaremos de DESAFIO / ENFRENTAMIENTO y le asignaremos el color amarillo.
Cuando consideramos estos 4 prototipos desde el punto de vista de las (inter) acciones en un entorno profesional en realidad no estamos diciendo que una persona sea de color azul, por ejemplo, sino más bien que se comporta como de color azul. No entramos, por tanto, en si una persona es de una forma (“color”) determinada. Lo que resulta relevante es cómo se comporta, qué tipo de interacciones mantiene con otra(s) persona(s). Tras analizar nuestra relación con una determinada persona podemos, por ejemplo, determinar que es de color azul. Esto no quita para que con otra persona diferente mantengamos una relación de naturaleza diferente (por ejemplo amarilla). Así, en realidad, lo que estamos planteando es que existen 4 tipos fundamentales de relaciones (que no formas de ser) y que cada uno de nosotros puede mantener relaciones de tipo diferente con diferentes personas (como sucede con nuestro protagonista Ryan en las escenas que hemos comentado). De hecho podemos llegar a cambiar la naturaleza de la relación que mantenemos con una persona determinada (“cambiar de color”) como, de hecho, hemos visto con el personaje de Ryan hacia Christine (la detención y cacheo en la primera escena, por un lado, y la del accidente por otro). Pero esa es una historia, la de poder “cambiar de color”, que contaremos en otra oportunidad … ¡por Ende!
José María Díez - Gerente de Tatum
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