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Las diez actitudes que más odian los empleados |
Número 10 - Febrero 2008
Recientemente se leía en la prensa que el paro ha subido un 5,27% en diciembre del 2007 respecto del año anterior. Habiendo aumentado en especial en el sector de la construcción y en los hombres mayores de 25 años.
Pero, aunque parezca una contradicción hay multitud de puestos (en especial en las grandes ciudades) que no se pueden cubrir como por ejemplo dependiente, camarero, contable, etc.
¿A que se debe todo esto?. Pues básicamente al desajuste que existe actualmente entre lo que necesitan las empresas y lo que quieren los trabajadores. Y es que cada vez más, las nuevas generaciones de jóvenes que se incorporan al mercado laboral tienen una actitud y unas expectativas muy diferentes de las que tenían los trabajadores de años atrás.
Este desajuste entre necesidades y expectativas provoca que muchos proyectos empresariales fracasen. Y en especial en las empresas más pequeñas, donde el papel de cada trabajador adquiere mayor relevancia para el futuro de la empresa.
La rotación de personal es uno de los mayores problemas que puede tener una pequeña empresa. Y es que hoy en día lo más difícil no es atraer el talento, sino aprovecharlo y sobretodo retenerlo.
¿Pero cuales son las expectativas más habituales de los trabajadores?, algunas son:
- Posibilidad de desarrollo.
- Calidad de la relación con el jefe directo.
- La posibilidad de aprendizaje y de recibir formación.
- Credibilidad del proyecto de la empresa
Aunque lo anterior puede variar dependiendo de la edad (los más jóvenes valoran más el desarrollo de una carrera profesional) y del sexo (las mujeres valoran más el respeto de horarios y vacaciones que los hombres).
A la vista de lo anterior, un de los factores más importantes para retener a los mejores trabajadores, es tener buenos jefes. ¿Pero que quiere decir, ser buenos jefes?.
Según una encuesta realizada por el CEF (Centro de Estudios Financieros) en el 2007 los diez comportamientos de los jefes que más odian los empleados, son:
- No comunicar con claridad los objetivos.
- No motivar.
- No comunicar bien.
- No escuchar.
- No liderar, sino mandar.
- No enseñar, no formar.
- Contradecirse con frecuencia.
- Incompetencia directiva.
- No gestionar bien su tiempo y el de sus colaboradores.
- Estresarse con frecuencia.
En las actitudes anteriores podemos reconocer al típico jefe “de la vieja escuela” así como al típico buen técnico pero que es mal directivo. Hoy en día hace falta un cambio de actitud por parte de los jefes (en especial de aquellos “de la vieja escuela”), ya que los trabajadores (y en especial los de más talento y cualificación) no están dispuestos a aguantar ni la mitad de cosas que hace décadas.
Por eso evitar los comportamientos anteriores es algo fundamental para llegar a ser un buen jefe. Pero para poder realizar ésta transición en la forma de dirigir hay que ser muy consciente de la importancia de los trabajadores en el resultado de la empresa. Detrás de todas las empresas (incluso las más grandes y poderosas) hay personas. Y son el principal activo de la empresa, DE VERDAD no es pura palabrería, ya que unos empleados satisfechos generan clientes satisfechos lo que provoca un mayor beneficio y notoriedad de la empresa.
Autor: MD Consulting
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