Marzo 2008 Tal y como comentábamos en el artículo relacionado con los costes de la gestión sanitaria, la gestión sanitaria no tiene clientes, sino pacientes, esto hace que cambie totalmente la perspectiva en muchos aspectos, por ejemplo, no le afecta la ley de la oferta y la demanda, ya que es un bien absoluto, es decir, todo el mundo concede prioridad a la salud. Si bien es cierto que la demanda existe, pero de forma totalmente distinta. La demanda en la gestión hospitalaria es denominada Demanda Derivada, y su diferencia fundamental con respecto a la demanda de una empresa común es que el paciente no acude demandando un producto, sino un servicio y acude sin sabér qué patología tiene ni qué farmaco tiene que usar. Igualmente, el gobierno influye directamente en la gestión ya que inyecta recursos materiales y económicos para asegurar el correcto funcionamiento de los sistemas sanitarios a la vez que se asegura de que todos los ciudadanos tienen acceso a la atención hospitalaria. Otra diferencia fundamental con las empresas comunes las conforman las externalidades. Para las empresas, las externalidades son factores que pueden provocar efectos tanto positivos como negativos en el funcionamiento y/o resultados de la empresa. Cuando hablamos de gestión hospitalaria, trasladamos estas externalidades a los pacientes, por ejemplo, la cura de una infección a un paciente producirá una externalidad positiva en otro, ya que reducirá la probabilidad de contagio. Al contrario también puede ocurrir, es decir, que se produzca un efecto negativo. Así, tendremos externalidades negativas y positivas. Como se puede observar, las características difieren un poco de la gestión empresarial común, pero tienen la misma base, ya que el público es el mismo que en las empresas, pero con una demanda distinta y un entorno igualmente diferente.
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